Nunca se sabe donde vas a hacer una buena foto, y sé que al llevar poco tiempo en esto de la fotografía me llevo más material del necesario. Normalmente me llevo los tres objetivos que tengo. Hoy me he ido de excursión por Binisalem (un pueblo en medio de Mallorca) y solo me he llevado dos (el 50 mm y el del kit 18-55 mm). Hemos dado una vuelta por el pueblo, viendo la plaza, la iglesia ( y ¡zas! “que bien me hubiera venido aquí el teleobjetivo” he pensado, así que dentro de la iglesia las dos o tres fotos que he hecho han sido con el 50mm). Tampoco ha sido un drama.

Luego hemos ido a la Casa-Museo del escritor mallorquín Llorenç Villalonga. Hacía el final de la visita hemos visto un coche antiguo en una especie de porche y cuando lo he visto por delante, como un flash, he visto la foto. Así que al finalizar la visita he cambiado el 50 mm por el angular 18-55mm (“que bien que me lo he traído”). Sabía con exactitud que foto quería, aunque también sabía que iba a tener poco espacio para poder tomar la foto. También sabía que la parte delante del coche me iba a quedar oscura y la parte trasera (donde le daba la luz) me iba a salir muy clara; sé que el recurso que a continuación expongo es un recurso de vagos, pero no llevaba trípode (y poco espacio para él), así que he optado por hacer un HDR automático (de estos que ya te lo hace todo la máquina), para que la parte delantera del coche se me viera un poco más iluminado.

El post-procesado lo he hecho con lightroom, aunque lo he retocado muy poco. Este es el resultado final:

La foto de abajo ha sido la primera foto que he tirado, sabiendo que me iba a quedar oscura. Sé que la de arriba no es perfecta, pero hay diferencia ¿verdad?

 

Me ha gustado la sensación de ver la foto, allí, en mi cabeza aún sin hacer.

 

PD: Por cierto, el Museo Literario recomendable, y la guía magnífica.

Saludos 🙂


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