Poema póstumo de Robert E. Howard
De la espada al verso: La faceta poética de un maestro de la narrativa pulp

Robert E. Howard (1906–1936) fue uno de los escritores más influyentes y trágicos de la literatura popular estadounidense. Nacido en Texas, pasó la mayor parte de su vida en Peaster y Cross Plains, un entorno rural marcado por el auge del petróleo, la violencia de la frontera y la decadencia económica de la Gran Depresión.
Howard era un hombre de contrastes: un tipo robusto que practicaba el boxeo y el levantamiento de pesas, pero con una sensibilidad poética desbordante y una mente atormentada por la depresión crónica y una profunda misantropía. Vivió de manera casi obsesiva por y para la escritura, enviando incansable sus relatos a las revistas pulp de la época, principalmente a Weird Tales. En 1936, a los 30 años, al enterarse de que su madre enferma había entrado en un coma irreversible, Howard se sentó en su coche y se quitó la vida de un disparo en la cabeza.
Su Obra: El Nacimiento de la «Espada y Brujería»
Aunque su carrera duró poco más de una década, su producción fue masiva y definió las reglas de la fantasía moderna. Su gran aportación a la literatura fue la invención del subgénero de la Espada y Brujería (Sword and Sorcery). A diferencia de la fantasía posterior de Tolkien (más épica y caballeresca), las historias de Howard eran viscerales, sombrías, repletas de acción y marcadas por un trasfondo existencialista: la lucha eterna entre la civilización (que consideraba corrupta y débil) y la barbarie (que veía como el estado natural y puro del hombre). A pesar de su amplia producción es conocido mundialmente por crear al famosísimo personaje Conan el Cimmerio (Conan el Bárbaro).

La faceta olvidada: La lírica de Robert E. Howard
Aunque la historia de la literatura popular suele recordar a Robert E. Howard (1906-1936) como el padre indiscutible de la «Espada y Brujería» y el creador de iconos como Conan el Bárbaro, existió en el autor tejano una pulsión íntima y constante que precedió a sus relatos de acción: la poesía.
Para Howard, los versos no eran un mero adorno o un experimento casual, sino el cauce natural donde volcaba su verdadero temperamento literario. A lo largo de su corta vida escribió cientos de poemas, una muestra de los cuales vio la luz en las páginas de la mítica revista Weird Tales.
1. El uso de arcaísmos para evocar «atemporalidad»
Howard no quería que sus mundos sonaran como los años 20 o 30. Para alejar al lector de la modernidad, utilizaba palabras inglesas que ya estaban en desuso o que sonaban a inglés medieval:
- «Whence» y «Whither»: En lugar de usar where (donde), recurría constantemente a whence (de dónde / desde donde vino) o whither (hacia dónde). Esto le da a la frase una gravedad casi bíblica.
- «Throng» o «Multitude»: Rara vez usaba crowd (gente/multitud común). Prefería throng (muchedumbre en marcha, masa compacta) o horde (horda), palabras que deshumanizan al grupo y lo convierten en una fuerza de la naturaleza.
2. La obsesión por el contraste de color (Cromatismo)
Howard utilizaba el color como un golpe emocional. Sus esquemas de color son binarios y extremos, diseñados para generar impacto visual inmediato:
- El contraste Rojo/Gris: Es su combinación favorita. El rojo (scarlet, crimson, red-flame) representa la vida, la sangre, la pasión, la juventud y la violencia. El gris (gray, ash, shadow) representa la muerte, el olvido, la decadencia y el paso del tiempo. En el poema que viste, la «llama una vez roja» acaba inevitablemente mezclada con el «polvo gris».
- El Oro en la Suciedad: Como en el verso «a golden riffle in the river’s slime» (un rastro dorado en el lodo del río), a Howard le fascinaba colocar elementos de extrema belleza o valor en mitad de la podredumbre. Es una metáfora de la propia condición humana: destellos de grandeza en mitad de un mundo decadente.
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3. La fisicidad de los conceptos abstractos
A nivel de vocabulario, Howard tenía la costumbre de convertir ideas abstractas (como el tiempo, el olvido o la fama) en objetos físicos, pesados o biológicos que se pueden tocar, oler o sufrir:
- «Oblivion’s womb» (El vientre del olvido): El olvido no es solo «olvidar»; es un útero gris, un lugar físico y biológico que devora las creaciones humanas.
- «Cynic Time» (El cínico Tiempo): El tiempo para él no es una medida cronológica, es un personaje con actitud, un ente burlón que viste un «manto arremolinado» (swirling cloak) para atrapar los logros humanos.
- «Musty Fame» (Fama rancia/enmohecida): La gloria no es algo brillante; es un objeto viejo que se pudre en un sótano y huele a humedad (musty).
4. La sonoridad y las aliteraciones (La música del hacha)
Al ser poeta antes que narrador, Howard elegía las palabras por cómo sonaban al ser leídas en voz alta. Buscaba palabras con consonantes duras o repeticiones de sonidos para imitar el ritmo de una batalla o de una marcha:
- En el poema original utiliza: «meshes achievement in the ages’ glomb, a moment’s mirth…». La repetición de las emes (m) y las bés (b) crea un sonido sordo, pesado, que imita el latido de un tambor moribundo («dimming whisper of a drum»).
- Cuando describe combates en sus relatos de Conan o Solomon Kane, recurre a verbos monosilábicos de sonido seco y cortante: cleave (hender), smite (golpear/azotar), crash (estrellar), hurl (arrojar). Son palabras que suenan exactamente como la acción que describen.
En resumen, Howard no utilizaba las palabras para «explicar» una historia, sino para provocar una atmósfera de fatalismo heroico. Para él, las palabras eran armas cargadas de color, sonido y peso histórico.
Este poema, «The Poets», publicado de manera póstuma en marzo de 1938, es una radiografía brutal de la psique de Robert E. Howard y una pieza perfecta para entender el fatalismo romántico que impregnaba todo el movimiento pulp. Aunque se movía en revistas de consumo rápido, Howard vierte aquí una angustia existencial digna de los poetas malditos decimonónicos.
Puedes leer el número entero y original de la revista Weird Tales.
